jueves, 31 de julio de 2025

Recordando al chico del andamio.

               

 

“EL CHICO DEL ANDAMIO”:

 

Nos encontramos todas las administrativas tecleando apresuradamente sobre los teclados de nuestros PC.

De repente, el albañil que trabaja sobre el andamio colocado en nuestra ventana se quita la camiseta.

Se detienen los teclados, cesan las pulsaciones procedentes de los trabajos mecanografiados, suben las pulsaciones cardiacas femeninas al unísono y todas las miradas del interior de la oficina se concentran en recorrer el bronceado cuerpo del obrero sin camiseta.

Le echas 35 polvos, digo 35 años. Recorres el musculoso cuerpo, los abdominales, el brazo que hace bola sosteniendo una Coca-Cola.

¡¡¡Es el tío del anuncio!!!!.

Baja el rendimiento administrativo durante el período de la obra.

Al cabo de una semana, se recoge el andamio y se acaban nuestras sesiones de Coca-Cola.

Vuelvo a casa pronto, pongo una lavadora y me dispongo a ir al Supermercado. Cruzo el parque de mi barrio y está ahí:

El chico de la Coca-Cola, con unos vaqueros rotos que le quedan de puta madre y una camiseta verde farmacia.

Le dice a un niño de aproximadamente cinco años, el que deduzco que, por su parecido, debe de ser su hijo:

- Vamos. Peque. Que es tarde.

A lo que el niño responde:

- No quiero ¡¡ Quiero quedarme un poco más!!

- Volvemos mañana, que ahora hay que preparar la cena y acostarse, que mañana hay cole.

El niño continúa con el pulso:

- ¡Quiero quedarme un poco más!

El padre insiste:

- Hay que irse, peque.

El niño se enrabieta y grita la pregunta:

- ¿Por qué?

El padre finalmente aunque dulce pierde la paciencia y  responde con firmeza:

- ¡Porque lo digo yo y punto!

Remarca ese “y punto” que enfatiza la carga de la orden y que el niño quiere imitar en su respuesta. Lo que no sabe todavía un niño es que la omisión de una consonante lo cambia todo.

El niño grita a su padre enfadado:

- ¡Eres malo y puto!

Recalcando ese puto para enfatizar la frase.

 

El obrero se cruza con mi mirada avergonzado …

Me acerco con una sonrisa y le digo:

- Así que puto…

Sigo sonriendo con picardía y prosigo:

- Las chicas de la oficina hacemos cola donde quiera que trabajes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario