Ayer llegué tarde y no se qué me daba y bajé a tirar la basura.
Era de noche y tarde. Ya no había nadie en la calle.
Salgo del portal y me cruzo en la calle con un tío sospechoso.
Me lo chiva mi intuición.
El sospechoso se para en su camino y yo me paro también para dejarle pasar y que pase delante de mí.
Camina delante de mí despacio y tambaleante y vacilante. Se da la vuelta, mira para atrás. Lo hace varias veces.
Abro la tapa del contenedor y tiro mi bolsa de basura.
Lo he perdido de vista pero siento que está cerca.
Subo calle arriba porque me saltan todas las alertas y no quiero entrar de momento sola en el portal.
Cuando me entra un poco de miedo se dispara mi agresividad.
Me pongo en modo ataque.
Siento las plantas de los pies firmes sobre el suelo y mi cuerpo se tonifica y se prepara para la lucha porque la huida está jodida.
Camino con paso fuerte y decidido mientras muevo con seguridad el bastón y emito con el mismo un lenguaje no verbal que anuncia: “Si me tocas un pelo te reviento la cabeza”.
Que diréis :”Yésica, dónde va tu comunicación no violenta?”.
Pues en el cajón, porque la saco cuando quiero y con la gente que quiero. Es lo bueno de tener una herramienta, que dispones de ella cuando te resulta necesario.
En este caso, cuando te sientes amenazada físicamente es “supervivencia”.
Volví al portal requiriendo que la llave entrase a la primera y entró.
Subo por el ascensor, me miro al espejo y veo una Yésica divina total , vestida con una elegante blusa y vaqueros , pero en la parte de arriba me abrigaba una calentita bata de andar por casa.
Me dio la risa y dije :”hostia, igual era eso, el paisano se había quedado prendado de mi estiloso look”.
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