Hoy me encontré a un colega en la calle y me preguntó como me iba y yo le dije toda agobiada:” Llevo un día horrible”. Nos echamos a reír porque eran todavía las nueve y media de la mañana. Eso de “Si madrugas, Dios te ayuda”, los cojones. Yo creo que es lo contrario, más tiempo para que te pasen cosas.
Total que hay días así, que juegan en tu contra. Que hagas lo que hagas, sale mal. Sin embargo, vamos a quedarnos con lo positivo, con la anécdota graciosa del día.
Llego al médico a hacerme la analítica , de milagro, porque por no variar, no había taxis disponibles en Coruña y tuve que correr más que una atleta olímpica, para estar en el médico en diez minutos. Logré estar antes del cierre de la franja horaria de extracciones. En realidad, llegué en punto. A las 9.
Lo conseguí sin que me atropellara un coche en el camino. Ángeles humanos que me fueron acompañando hasta llegar a mi destino.
y llego y le digo a la supervisora: “Me puedes pinchar tú , no quiero que me pinchen los de prácticas que tengo unas venitas muy finitas y se rompen”.
Y me dice ella : “te va a atender Pablo”.
Yo miré para Pablo y vi a un veinteañero en cuarto pero lo cierto es que no lo estaba viendo. Pablo era un bulto.
Y protesto: “nononono, conmigo no vais a experimentar”.
Y allí estaba Pablo, un hombre a punto de jubilarse.
ME REÍ MUCHO POR DENTRO. Es ahí cuando adoro mi personalidad imperfecta. Es ahí cuando conecto con mi verdadero clown.
Aunque por un inconveniente con el puñetero volante, al señor veterano yo no le caí muy bien . Es lo que tiene no dar la razón cuando la tienes tú.
En estos casos, una suerte no ver las caras.
La de asco no era mi favorita.
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