Hoy voy a comenzar encabezando mi relato con un taco.
Joder! Hoy iba tan tranquila, de camino al gimnasio, y de repente, un tío sin mediar palabra me agarra de un brazo.
Lo primero que pensé fue que era mi ex que venía a pedir disculpas. Lo cual me parecía bastante razonable porque las espero.
Pero el tío no habla, entonces le pregunto: “quién eres?”.
No responde, y vuelve a cogerme del brazo, así que desecho esta opción e
inmediatamente recae en la segunda, y es que como tengo amigos que se creen tan graciosos, a veces me hacen la coñita, con eso de que no veo, que me van a atracar o a sobrepasarse conmigo, o esas cosas ...por lo que pienso que puede ser uno de ellos, aunque a mi no me haga gracia en absoluto.
Definitivamente el sospechoso alcanza articular algo que no comprendo, y desecho la idea de que es un amigo. Logro soltarme y él vuelve a cogerme, le exijo que me suelte, y él insiste en agarrarme.
Deduzco por lo que consigo ver que es un yonki.
Y aprovecho el momento para advertir que se está normalizando el consumo, que se empieza por una rayita el fin de semana, y se termina como este tío tirado en la calle, dando el palo a una chosca.
Yo me quitaba su brazo de encima, y el volvía a agarrarme. Entonces empecé a sentir que
mi sistema nervioso simpático iba como una moto, mi ritmo cardiaco se aceleraba, y llega el momento de huir o luchar.
así que en ese momento donde mi amígdala va a todo trapo, yo no sé de dónde saco las fuerzas, pero agradezco este carácter de felina que me caracteriza, y le suelto:
“O te apartas o te pego”.
Así fue como hice camino y salí de la situación.
Y es en estos momentos cuando agradezco dos cosas: la primera, tener este arranque resiliente por y para mi supervivencia, y lo segundo, haber dejado el bastón de postureo en casa, que es el que uso para las citas porque me da un aspecto fino y cabaretero, pero llevar mi “Bronx”, que es mi bastón macizo de hierro, que si le doy a alguien en la cabeza con él lo dejo en el sitio, es la mejor opción cuando hay que ir de batalla.