martes, 2 de diciembre de 2025

Cachada en el aeropuerto

                La preocupación de los padres a veces puede resultar asfixiante. Cuando eres adolescente, no les entiendes. Cuando eres adulto, les comprendes pero te molesta de la misma manera que antes. A mi me exaspera porque mientras otros ya me llaman “señora”, mi padre me sigue viendo y tratando como si fuera una niña. Sin embargo, esto parece ser que no solo me sucede a mí.

Varias amigas nos fuimos de viaje. Estoy hablando de mujeres, que estamos más cerca de los 50 que de los 40. Ninguna le había comentado a sus padres que se iba de vacaciones y el motivo era el mismo. Compartimos la razón, para no preocuparles y para que no nos agobien con sermones.

Si recibieran nuestros planes con frases como : “Muy bien, haces muy bien. La vida está para disfrutarla y el dinero para gastarlo”. Sería lo ideal pero no es lo que nos dicen, por lo que evitamos un discurso que conocemos y que nos va a quitar la ilusión.

Mientras esperábamos por el avión en el aeropuerto de Madrid hablábamos sobre este tema. Contar o no contar, esa era la cuestión.

Había un retraso de algunas líneas por temporal.

Después de esperar toda la mañana, cancelaron nuestro avión a Barcelona. Sin embargo, salía otro avión hacia el mismo destino, donde estaban vendiendo los billetes a 300 euros.

Al resto nos reubicaban al día siguiente perdiendo en nuestro caso, la escala y por consiguiente, el hotel, el dinero y un día de vacaciones.

Estábamos indignadísimos. La gente comenzó a hacer colas para protestar y recoger hojas de reclamación.

El personal del aeropuerto se justificaba indicando que ellas eran trabajadoras de AENA y no de “Vueling”. Por lo que no podías descargarte con nadie. Sin embargo, el derecho a la queja es lo que te queda. El desahogo público.

Estaba cacareando y de repente, me pusieron un micrófono Y ME DIJERON: “Somos de televisión española”.

En menos de cinco segundos , mi mente me imaginó saliendo en el telediario del mediodía y mi padre dejando la cuchara de la sopa a un lado para comprobar que la chica que habla en la pantalla le resultaba bien conocida. Entrecerrando los ojos y diciendo :”¿ ... pero qué carallo hace esta ahí ¡?!”.

 

Una historia emocionante

                HISTORIAS CÓMICAS DE YÉSICA VAL:

 

A punto de iniciar mi primera charla como psicóloga en un auditorio de una capacidad de 150 butacas.

Me entraron ganas de hacer “pis” antes de iniciar la conferencia y allí me fui al baño.

Llegué al servicio individual y me puse a orinar, con mi habitual postura de baño público, haciendo una sentadilla. Entonces sentí como la orina no estaba cayendo dentro del váter, interrumpí el chorro y me di cuenta que estaba yendo por fuera porque la tapa estaba cerrada. Estaba meando sobre la tapa.

Empecé a resoplar y a jurar en arameo. Limpié la tapa con un cabreo conmigo misma del quince y finalmente la abrí para terminar de mear lo que me quedaba.

Salí del baño más agobiada de lo que entré. Logré olvidarme del incidente y decirme : “Ya pasó. Ahora vas a dar una charla y te vas a centrar en lo tuyo. Ahora mismo sólo existe tu discurso”.

Cuando llegué junto a mi compañero de ponencia , me dice: “Yésica, te fuiste al baño con el micrófono abierto y se te escuchó todo”.

Miro para mi micrófono de solapa sujeto en el pecho y empalidezco.

Empiezo a rebobinar lo que se había reproducido en el baño y enrojezco al recordar mis palabras: “¡Joder, joder, joder! ¡Me cago en la puta ostia! ¡Todo por fuera, coño! Lo que faltaba! ¡Seré tonta! ¡Qué asco! Y ahora a limpiar toda esta puta mierda”.

Me quedo con cara de Kirk Cameron en “Los problemas crecen”, pensando en la equilibrada imagen que transmití a mis asistentes como entrante de una charla de gestión emocional.

Me echo la mano a la boca y me dice mi compañero : “No te preocupes, al tercer “joder” te apagué el micro”.

 

(Espero que os haya resultado divertido. Os recuerdo que estas historias son ficción inspirada en anécdotas que me ocurren y en esta ocasión he juntado dos historias que me sucedieron por separado y he contado una historia que podría haberse dado y que hubiera sido desternillante).