Hay una señora pequeñita, muy mayor y muy alegre que siempre me saluda con mucha energía cuando me la cruzo por mi barrio.
Se llama Cuca y es encantadora.
Quiero dedicarle este relato porque me parece una persona inspiradora.
Me encanta porque siempre que me la encuentro me dice cosas preciosas.
-“Adiós bonitiña, que guapa vas y qué estilo tienes”
-“Pero Cuca, que voy de chándal, que voy al gimnasio ...”
-“Pero te queda muy bien, y con esa sonrisa que tienes tan bonita ya no necesitas más”
Cada encuentro con Cuca es así. Me regala una dosis de su felicidad y de autoestima.
-“Ahí va la más guapa de la Ronda”
-“No será tanto, Cuca ...”
-“Si te lo digo yo que ya las tengo a todas muy vistas en este barrio”.
Hay otra gente que te para para recordarte que has engordado, o para preguntarte que te ha pasado en la cara porque te ha brotado una erupción en la piel de tipo nervioso, o para decirte que tienes unas ojeras horribles, o que si tienes mala cara ...
Pero Cuca sólo se detiene en decirte lo bueno y te asigna la banda de “Miss Universo” del barrio. Es genial.
A menudo me encuentro a esta maravillosa octogenaria que me da un ejemplo de como quiero ser yo de mayor.
Yo no quiero pasar por la vejez amargada y cascarrabias. ¡Yo quiero ser una Cuca de la vida!
Una señora que siempre sonríe e invita al optimismo.
Cada vez que la encuentro me dice que va o que viene de la residencia donde está su marido, y que va a cuidarlo y a darle mucho "amorciño”.
Cuca termina casi todas las palabras en –iño , para envolverlas en dulzura.
Estos días me la volví a encontrar y tan graciosa como siempre me pregunta que tal las fiestas, le digo que agradables y me responde:
“Me alegro, las mías también, pero que pasen”
Y me lo dice con una gracia tan especial que no puedo hacer otra cosa que echar una carcajada.
Entendí sin explicarme nada, que le rompen su rutina.
Le pregunto cuántos años lleva con su marido y me dice :
-“Más de 60 años, siempre estuvimos muy unidiños y fuimos muy felices. Si él no estuviera le hubiera hecho una fotocopia”
¡Qué cuqui!
Hay personas que pasan por tu vida para darte una pequeña lección de vida y Cuca es para mi una maestra. La maestra que me indica que con actitud, con optimismo y amor la vida sabe mejor.
Si tu sonríes siempre, el de al lado te quiere, y si te quieren , tú creas y produces más y mejor, trabajas con otro ánimo y sobrellevas mejor todas las adversidades de la vida.
Tus relaciones son más satisfactorias y ganas en salud física y mental.
El motorcito de la vida no es el poder ni el dinero, es el amor, es tener una persona a tu lado que te diga :” Hoy estoy un poco enfadado con el mundo, pero tú sigues siendo la elección de mi vida”. Esa persona que hoy te hace una sopa y te arropa porque estás enfermo y que mañana te trae una rosa porque sí.
El amor se cultiva todos los días, llueva o haga frío.
Y con los niños, más de lo mismo, no son las cosas que les compres, es el tiempo y el amor que les dediques.
Todo nuestro mundo para que fluya como patín sobre hielo, es con tres premisas básicas : amor, amor y amor.
Amor propio, amor para el otro y amor para el universo entero y con esto el mundo sería millonario en felicidad.
Y reflexiono con esto porque siento que estamos en una sociedad muy enferma.
Caminamos en dirección al individualismo y al egoísmo más superlativo.
La soledad es más fácil, pero es aburrida... y nos convierte en personas tristes.