Yo tenía 19 maravillosos años, que sin duda, hoy envidio, por muchas razones.
Entre esas razones yo estaba viviendo mi gran historia de amor, pero es que además, yo miraba esos ojos azules y me perdía en ellos, como él se perdía en mis ojos verdes.
Algo que antes podía hacer mi retina, y ahora no.
Volviendo a la historia ...
El padre de mi novio sufría una demencia senil, y un día me pidió si me podía quedar cuidándole, mientras él hacía unas gestiones.
ME quedé acompañando a su padre DURANTE UNAS HORAS.
Y como la tarde iba a ser larga, me senté a su lado para darle conversación con esa dulzura que me caracterizaba, entonces el señor me miró con una sonrisa incómoda, agachó la cabeza y me dijo:
“No se lo que quieres, pero yo estoy casado”.
A mí me hizo mucha gracia, y cuando llegó mi novio le conté la anécdota.
ÉL SE REÍA Y CON UNA INMENSA TERNURA HACIA SU PADRE ME DECÍA: “SE LE VA LA PINCIÑA ...”.
Y yo que ya era así de antes, le EXPUSE:
“Pues a mí me parece precioso. Tu padre ha perdido la memoria, y ha olvidado muchas cosas, pero no se ha olvidado de que ama a tu madre, y eso es maravilloso”.
Estoy segura de que si a los 19 años me hubiera puesto un tatuaje, hoy me horrorizaría, porque me habría aburrido de él, porque si fuera una frase, probablemente ya no me identificaría con ella, porque en muchas cosas ya no pienso igual, y sin embargo, después de 24 años , sigo viendo ese gesto de lealtad extraordinario!.
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