jueves, 29 de diciembre de 2022

La sinceridad está sobrevalorada, porque en realidad a la inmensa mayoría le sienta fatal.

                               Cuando yo iba al instituto, tenía una amiga, compañera de pupitre, que cada vez que su novio le hacía algo que no le sentaba bien, no se lo decía, simplemente, se vengaba.

Según el grado de molestia, se morreaba con otro, se enrollaba simplemente, y si la cosa había sido más grave, se follaba al primer pretendiente que se pusiera a tiro.

Con 17 años, a mi esto me parecía espantoso.

Creí que se equivocaba , y yo intentaba convencerla de lo contrario :

”Las cosas hay que hablarlas. Si algo te parece mal del otro se lo tienes que decir”.

Hoy no estoy muy segura de que yo tenga razón.

La vida me ha demostrado que a la inmensa mayoría de las personas no les gusta que les digan lo que hacen mal.

La vida me ha confirmado  que la sinceridad no es bien recibida.

Pese a todo yo sigo siendo una “sincericida”, sin embargo, ya no juzgo a quien tiene otras estrategias mejores que la mía.

Así que ole , por todas aquellas que se desquitan cuando están enfadadas con su marido, echándose un buen polvo con un amigo, y llegan a casa con una sonrisa.

Estoy convencida que muchas relaciones se sostienen felices gracias a esta Ley de la Compensación.

 

 

 

 

 

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